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El suelo de Cadalso de los Vidrios: la Roca Madre

El suelo presenta una fracción mineral y otra orgánica, además de la más propiamente edáfica, integrada por los complejos órganos minerales.

La fase mineral deriva directamente de la roca madre mediante los procesos de alteración mineral, en la que los minerales primarios constitutivos de la roca pasan a minerales secundarios.  El paso de unos a otros puede acaecer por simple microdivisión, lo que genera los llamados “minerales heredados”. En otras ocasiones, se efectúa por sencillos procesos químicos inducidos por la materia orgánica: en ellos se mantienen las estructuras originales de los minerales con leves modificaciones de carácter accesorio.

A veces, la influencia de la materia orgánica, con formas fuertemente complejantes, puede destruir los edificios cristalinos y reducirlos a “geles amorfos”. A estos procesos se les agrupa bajo la denominación de alteración bioquímica por la influencia de la materia orgánica, si bien afecta al material mineral.

Por último, la roca madre está sometida a una alteración puramente mineral, análoga a la producida en los sedimentos pero con el cambio en las condiciones que introduce el esponjoso medio del suelo. Así pueden aparecer “óxidos e hidróxidos” por cristalización de los iones liberados, o “minerales neoformados” por un proceso de recombinación seguido de cristalización.

Todo ello es lógico que afecte al comportamiento del suelo en todas sus facetas, de modo que la roca madre va a ejercer una fuerte influencia sobre aspectos tan importantes como son:

  • Espesor
  • Morfología
  • Propiedades físicas
  • Propiedades físico químicas
  • Fertilidad

La primera fase de transformación de una roca en suelo es un proceso físico de fragmentación y ataque de la superficie, generando una rugosidad que permita la implantación de líquenes y musgos, junto a algas microscópicas y diversas especies bacterianas.

El primer factor que influye en la formación del suelo será la coherencia del material original: en una superficie de la misma antigüedad, los materiales poco coherentes serán los primeros en iniciar el proceso de edafización.

El espesor del suelo depende de la velocidad relativa de los procesos de formación y destrucción. Suponiendo constante la segunda, el suelo crecerá en función de la primera.

En nuestro caso, tenemos más consolidado leucogranito rico en cuarzo y feldespato, y pobre en biotita; seguido de la aplita de estructura más irregular y de monzogranito.

La coherencia y naturaleza minearológica de la roca, la morfología de la roca, influye sobre lo que podríamos denominar periodo de gestación del suelo.

Cuando la cantidad de arcilla formada alcanza un cierto nivel, se van generando en el suelo zonas de diferente permeabilidad: como el agua arrastra en suspensión cantidades variables de arcilla, hace que una parte de ésta arcilla se deposite, enriqueciendo la zona y disminuyendo la permeabilidad.

Todas nuestras zonas tienen un contenido en arcilla muy pobre, y sólo en alguna zonas aparece en pequeñas proporciones.

La roca madre ejerce una fuerte influencia sobre la textura del suelo: ejerce una poderosa influencia sobre la estructura y ambas rigen todo el comportamiento físico del suelo.

De este modo, queda claro el influjo del material de origen sobre aspectos tan importantes como la permeabilidad, la retención de agua, la compacidad del suelo, su disponibilidad para el laboreo, etc.

El material original incide de forma importante en las características físico-químicas del suelo, como son el intercambio iónico y el pH.

El principal factor determinante de la capacidad de intercambio catiónico (CIC) es la arcilla, por su concentración relativa en el suelo, pues la materia orgánica posee mayor capacidad que aquella pero su contenido es generalmente menor.

En ambos casos, no son factores limitantes de nuestros suelos, pues aparecen en concentraciones muy localizadas y en pequeña cantidad.

El pH del suelo está relacionado con el grado de saturación: los suelos insaturados tendrán un pH ácido que irá subiendo en función de la elevación de la saturación, aunque no de forma lineal.

La fertilidad del suelo está en función de su aptitud para permitir el crecimiento de las plantas. No se trata sólo de facilitar agua y nutrientes, sino de mantener unas condiciones adecuadas para el enraizamiento, una aireación conveniente, etc.

Así podemos distinguir una fertilidad física, físico-química y química (en todas influye el material original del suelo): las dos primeras, están en función de las correspondientes propiedades del suelo; la tercera está relacionada con la disponibilidad de nutrientes, en los que no solo hay que considerar su cantidad sino la forma en que se encuentran, que ha de ser la adecuada para su absorción por las plantas.

La roca influye en el contenido salino de los suelos, no estando presente en nuestros suelos salinidad de ningún tipo.

El clima de Cadalso de los Vidrios

El clima es suave y, generalmente, templado.

Los meses de invierno son mucho más lluviosos que los meses de verano en Cadalso de los Vidrios:  éste clima es considerado Csa según la clasificación climática de KöppenGeiger. La temperatura promedio es de unos 13º C, y la media de precipitaciones es de 397 mm al año.

Zonas de cultivo vinícola en Cadalso de los Vidrios

Zona 1

De suelos poco profundos, muy arenosos. Es una zona de semillanura, castigada por los vientos calidos del verano y el hielo superficial del invierno.

Las cepas crecen con poco vigor buscando los pequeños reductos de mejor tierra. Como consecuencia, las uvas tienden a pasificarse, dando vinos de color rojo muy brillante y limpio con un grado alcohólico alto.

Los últimos años se está adelantando la vendimia, logrando unos vinos únicos: al evitar la pasificación, se disminuye el grado alcoholico y se equilibra la acidez y Ph del mismo, logrando vinos elegantes, vivos, con fineza y potencia. 

Las cepas crecen asociadas al predominante pino y, en menor medida, a encinas y almendros.

Zona 2

Formada por quebradas donde cada viña dibuja un paisaje diferente a la anterior.

Son suelos con una relativa profundidad y mayor riqueza mineral, donde las cepas se desarrollan bien hasta llegado el verano: el viento cálido del verano no afecta por igual a todas las parcelas. En el invierno, al haber mayor humedad, el suelo se llega a congelar hasta una profundidad de 10 cm., compactando las arenas. Es preciso vendimiar en su justo momento.

Las cepas consiguen un vigor suficiente madurando de forma adecuada: vinos de color rojo denso, aromas a fruta madura, de graduación elevada y con cuerpo.

Las cepas crecen asociadas a las encinas, almendros, pinos, enebros, madroños y algunas olivas

Zona 3

Aquí las tierras son de profundidad media-alta, con una riqueza mineral adecuada y con suficiente aporte hídrico para que la cepa madure lentamente. Al tratarse de un pequeño valle, en verano los vientos cálidos no consiguen angustiar a las cepas y en invierno, las heladas son más leves.

Las cepas desarrollan un vigor enorme logrando ser fotogénicas: vino de gran equilibrio aromático, cromático y potencia suficiente.

Sus colores, según la orientación de la parcela, se muestran más brillantes o más densos; los aromas son muy profundos y permanecen en boca mucho tiempo; y los sabores incitan a comer algo potente.

En ésta zona hay concentraciones de olivos centenarios. Las viñas crecen rodeadas de ellos y de encinas, almendros, rebollos y una profusión de madroños.

Zona 4

Aunque tiene profundidad muy variable, las cepas crecen gracias al fácil acceso al agua y a la naturaleza del suelo, que les aporta materia orgánica, siendo las tierras más oscuras del pueblo.

Los vientos cálidos del verano apenas se notan ya que la Sierra actúa como abrigo frente a ellos, sombreando los viñedos, y en invierno las heladas son más llevaderas.

Hay muchas viñas centenarias que dan lugar a vinos Atlánticos: de acidez importante, colores amarronados de brillos permanentes y gustos delicados. Graduación media.

Las viñas viven rodeadas de robles, castaños y pequeños huertos.

Zona 5

Las tierras son profundas sin tener limitación ni hídrica ni de nutrientes, creciendo las cepas cómodamente. Los árboles salvajes dejan paso a todo tipo de frutales, algún castaño enorme y a multitud de nogales que crecen al borde de las parcelas.

Son vinos muy finos, con una acidez enorme , aromas a nueces, colores pálidos y de poca graduación, precisando dejarlos sobremadurar para que se muestren en plenitud.

El verano pasa de largo en esta zona y las laderas que conforman el tajo le protegen del sol. En invierno, las heladas son más duras.

Zona 6

Tierras profundas y ricas en una arcilla caprichosa, pues en ciertas franjas deja salir con facilidad los nutrientes y en zonas contiguas las cepas no son capaces de extraer los mismos nutrientes.

Es la zona donde mayor diversidad de tierra se manifiesta, pese a ser toda ella de origen granítico. En ella hay una gran disponibilidad de agua.

Aquí las cepas vuelven a crecer asociadas a los pinos

Los vinos de toda esta zona varían mucho según estén en la meseta cerca de la sierra o cerca de la peña; o bien se críen en una u otra ladera orientadas al sur, norte, suroeste o sureste.